La diabetes y sus tratamientos en México

A partir del año 2004, la diabetes mellitus (DM) es la causa número uno de muerte en México.

Sólo que la diabetes mellitus no es la causa verdadera de la muerte.  Más bien los mexicanos que tienen DM mueren como consecuencia de la hiperglucemia diabética crónica asociada al consumo de grandes cantidades de carbohidratos, que son los alimentos que se convierten en azúcares en el sistema digestivo humano.  En México y en todo el mundo, la cantidad excesiva de carbohidratos (CHO) en la alimentación de la persona que tiene DM es el origen de esta hiperglucemia diabética crónica mortífera.

Para las personas que tienen DM, una dieta que incluye altas cantidades de CHO es la ilógicamente recomendada por las asociaciones nacionales e internacionales que se encargan de recomendar y guiar el tratamiento más y más lucrativo de la DM.  La dieta recomendada es prácticamente la misma dieta utilizada para engordar los cerdos y los pollos antes de que se vendan para consumo humano en el mercado.  Los CHO (maíz, soya, granos) causan una subida rápida e interesante en estos animales.  Por que se venden por peso corporal, les conviene a los vendedores vender animales más "gorditos."

Por receta médica y dietética, el mismo consumo excesivo de carbohidratos se instala como preferencia y hábito dizque "sano" en la vida diaria del creciente número de personas mexicanas y en todo el mundo que tienen DM.

¿Es una dieta saludable para el ser humano, sea o no afectado por la DM?  ¿Sirve para "tratar" la DM?  ¿Produce resultados glucémicos positivos para las personas que tienen DM?  Para ellas ¿es peligroso no obtener entre los recomendados 55% a 60% de las calorías diarias de los CHO?
 
 

Es fácil comprender y perdonar a un niño que tiene miedo a las sombras y la oscuridad. 
Pero es una verdadera tragedia que un adulto tenga miedo a la luz.

                                                                                                                                                                                                                                – Platón
 
 

El bastón de dulce

La verdadera amenaza no es la diabetes mellitus.  La hiperglucemia diabética es en todos los casos el asesino.

Se estima que el 50% de las personas mexicanas que tienen alguna forma de diabetes mellitus (DM), no lo saben.  Intencionalmente o no, están todavía en la oscuridad.  El no saberlo, el no quererlo saber y el saberlo pero no hacerle caso a la DM porque aún no hay síntomas molestos, son estrategias evasivas de autodefensa contra el miedo o terror de descubrir la verdad o de enterarse de una verdad terrible.  Sólo la verdad glucémica indicada por los chequeos del laboratorio y caseros, de la persona que tiene DM podrá ofrecer alguna protección real contra los estragos causados a mediano y largo plazos por la hiperglucemia diabética crónica.

La verdad glucémica consiste tanto en la cantidad de glucosa en sangre (GS) capilar en el momento inmediato, medido en miligramos por decilitro, como en el valor promedio de GS de los últimos 2 – 3 meses, medido indirectamente por el porcentaje de células rojas hechas disfuncionales por cantidades anormales de GS y representado numéricamente por la hemoglobina glucosilada ó A1c.

La hiperglucemia se define como un nivel de GS anormalmente elevado.  La palabra "glucemia" se refiere a la presencia de glucosa en la corriente sanguínea.  La presencia de una mínima cantidad de glucosa en la sangre es normal.  En cambio, la hiperglucemia no es normal.  La hiperglucemia registra la presencia de glucosa excesiva en la corriente sanguínea.  La glucosa sanguínea excesiva es intensamente tóxica.  Los niveles crónicamente elevados de GS, que son signos de la DM no controlada, compensada o correctamente tratada, dañan el cuerpo y todos sus funciones y sistemas físicos y fisiológicos.

La tentación y la tendencia para la persona que recibe el diagnóstico de DM es de olvidar que su cuerpo ya ha dejado de ser "normal."

La hiperglucemia diabética es producto principalmente de la alimentación empleada por la persona que tiene DM.  Los medicamentos orales antihiperglucemiantes logran reducir la hiperglucemia sólo en mínimas, e insuficientes cantidades.  Sirven para reducir la glucemia, pero no para normalizarla.  Unicamente las insulinas pueden normalizarla.

Se estima que el 50% de las personas mexicanas que tienen alguna forma de DM, no lo saben.  Intencionalmente o no, están todavía en la oscuridad.  El no saberlo, el no quererlo saber y el saberlo pero no hacerle caso a la DM porque aún no hay síntomas molestos o porque ningún profesional de la salud ha aclarado las exigencias reales de la condición, son estrategias evasivas de autodefensa contra el miedo o terror de descubrir la verdad.

Sólo la educada manipulación de la hiperglucemia diabética por la persona que tiene DM podrá ofrecer alguna protección real contra los estragos causados a mediano y largo plazos por su condición de anormalidad.  La verdad glucémica es el factor determinante en la supervivencia, la calidad de vida, el grado de anormalidad fisiológica, y el desarrollo de complicaciones.

Esta verdad glucémica consiste tanto en la cantidad de GS capilar en el momento inmediato, medido en miligramos por decilitro, como en el valor promedio de GS de los últimos 2 – 3 meses, indicado por el porcentaje de células rojas sofocadas y hechas disfuncionales por cualquier exceso de GS.  Este grado de anormalidad es medido por la prueba de hemoglobina glucosilada ó A1c.

La hiperglucemia se define como un nivel de GS anormalmente elevado.  La palabra "glucemia" se refiere a la presencia de glucosa en la corriente sanguínea.  En muy pequeñas cantidades, la presencia de glucosa en la sangre es normal.  En cambio, la hiperglucemia no es nunca normal ni sin consecuencia negativa para el cuerpo.

La hiperglucemia registra la presencia de glucosa excesiva en la corriente sanguínea.  La GS excesiva es intensamente tóxica, sea dentro de la sangre o dentro de las células.  Los niveles crónicamente elevados de GS, que son signos de la DM no controlada, compensada o correctamente tratada, dañan el cuerpo y todas sus funciones y sistemas físicos y fisiológicos.

La persona que recibe el diagnóstico de DM típicamente experimenta la tentación y la tendencia de olvidar que su cuerpo ya para siempre ha dejado de ser "normal."  El profesional de la salud muchas veces apoya y favorece esta tentación y tendencia, al omitir TODA la verdad de la DM.

En el caso de DM tipo 2 (DM2), un nivel de GS anormal elevado al principio de la evolución de la DM no produce síntomas notables.  La persona afectada podrá pensar, sentir y decir, "Yo estoy bien."  Pensará que todo sigue normal.  Puede seguir pensando así durante 6 – 10 años, aun cuando no ha recibido el diagnóstico de la DM2.

Los cambios y daños debidos a la hiperglucemia diabética crónica no son completamente transparentes.  Pero a partir de la presencia de DM y la hiperglucemia diabética  en el cuerpo, ninguno de sus sistemas funciona normalmente.  Más bien, prácticamente todos los sistemas del cuerpo humano funcionan anormalmente.

La hiperglucemia es la indicación original y duradera de la presencia de la DM no correctamente tratada.  La DM no es curable.  La hiperglucemia diabética sí es fácilmente manejada y controlada.  Un valor anormalmente elevado de GS es la señal principal de la presencia de la DM, una condición incurable.  Se utiliza esta anormalidad metabólica para definir la presencia de DM y para hacer el diagnóstico definitivo.  Esta anormalidad se llama "hiperglucemia diabética" y es compartida por todos los que reciben el diagnóstico de DM.

A partir de la presencia de la hiperglucemia diabética, se considera que la persona tiene DM y que su cuerpo ya no es "normal," porque no tiene niveles "normales" de GS y por lógica el funcionamiento de su páncreas, el órgano principalmente responsable del mantenimiento de niveles normales de glucosa en la sangre, tampoco es normal.  El páncreas es el órgano que principalmente limita las concentraciones de glucosa en la sangre a las normales, que son de aproximadamente 71 – 99 mg/dL, en todo momento, noche y día, comer o no comer, en ayunas y posprandial.

La hiperglucemia diabética se relaciona al disfuncionamiento del sistema hormonal o endocrino.  El sistema endocrino es crítico para la salud y actúa mediante las hormonas.  Como todas las hormonas, la insulina, que directamente regula los niveles de GS, es sumamente poderosa.

A diferencia de la DM, que es permanente e incurable, la hiperglucemia diabética puede ser tratada y evitada.  De ser así, los daños asociados a la hiperglucemia diabética crónica son prevenibles.  Los alimentos fundamentalmente responsables de la diaria, rápida y anormal elevación de los niveles de GS son los CHO, que incluyen panes, frutas, tortillas, arroz, granos y harinas de cualquier tipo, pasta, leche, dulces, azúcares.

La educación diabetológica es escasa.  Pero si es racional y honesta, puede iluminar el camino de la persona que tiene DM y permitirle evitar el desarrollo o el empeoramiento de las complicaciones de la hiperglucemia diabética crónica y de su tratamiento normalmente nulo, inepto o mal informado durante largos períodos de tiempo.  La falta de esta educación favorece los desastres conocidos como las "complicaciones diabéticas" (amputación, ceguera, falla renal, infarto, neuropatía, etc.).  Un dicho popular del año 1923 aclara que esta educación diabetológica "no es parte del tratamiento de la DM, sino que es el tratamiento de la DM."

Con respecto a la DM, un valor glucémico "anormal" simplemente quiere decir que éste difiere de un valor "normal," encontrado en los estudios científicos repetidas veces entre las personas que no tienen DM ni ninguna otra disfunción pancreática o metabólica.  El diagnóstico de la DM se realiza en la mayoría de los casos al medir la cantidad de GS presente en ayunas, al despertarse, después de un mínimo de 7 horas sin comer proteínas, grasas, alcohol ó CHO.  Si en dos días diferentes, el valor glucémico medido en ayunas es más de 125 mg/dL, se confirma el diagnóstico de DM, precisamente porque éste es un valor anormal para las personas que no tienen DM.

Un valor glucémico entre 100 y 125 mg/dL también es un valor anormal para las personas que no tienen DM, pero a los profesionales de la salud y sus pacientes, nos tratan de asegurar que no señala la DM, sino algo que ni es normal ni anormal...la pre-DM.

Sin emgargo, sin tratamiento acertado y oportuno, la hiperglucemia diabética seguirá presente después del diagnóstico y también durante la "pre-diabetes."  Después del tratamiento inicial, las personas que tienen DM, en México y en el resto del mundo, casi sin excepción siguen manifestando valores de GS anormalmente elevados, a pesar de los varios tratamientos recetados y utilizados.

Aunque hay momentos en que las personas diagnosticadas con DM podrán lograr unas horas de normoglucemia (71 – 99 mg/dL), este logro típicamente no dura lo suficiente como para clasificarse como normoglucemia estable.  Más bien, se instala un altibajo permanente que varía constantemente entre largos períodos de hiperglucemia, durante ayunas y en las horas después de tomar alimentos, y breves episodios de normoglucemia y/o hipoglucemia, durante la máxima acción de las innumerables drogas antidiabéticas.  La inestabilidad glucémica causada por estos vaivenes habituales es en sí nociva, según varios investigadores de la DM.

Los niveles glucémicos anormalmente altos, sean de corta o larga duración, no son inocuos.  Si llegan a ser crónicos, los daños al cuerpo son mayores.  Niveles glucémicos anormalmente altos originan las complicaciones diabéticas (retinopatía, nefropatía, neuropatía, cardiopatía) y los daños y riesgos de enfermedad y muerte que éstas conllevan.  Por eso, la meta del tratamiento racional de la DM es establecer niveles de GS dentro de un rango de valores que sea seguro.  Este rango es esencialmente el rango normal, de 71 - 99 mg/dL

Mientras más normales los niveles glucémicos, más seguros son para la salud.  Los niveles de GS que con más seguridad previenen las complicaciones diabéticas son los ampliamente normales (65 – 99 mg/dL) y los cercanos a estos valores.  Así, la meta razonable del tratamiento de la hiperglucemia diabética es establecer glucemia dentro o cerca del rango normal de GS.

La DM es incurable y a partir del diagnóstico existirá de por vida en la persona afectada.  La hiperglucemia diabética, que genera patología, es curable y tratable, a corto plazo.  Claro, nunca será posible tratar o revertir la hiperglucemia diabética de ayer o del mes pasado.  Por eso, el tratamiento de la hiperglucemia es asunto de atención diaria y repetida.  Qué aburrido.

¿Cuál es el objetivo del tratamiento de la DM?  ¿Es el tratamiento ineficaz perenne o es el éxito en la normalización estable de la GS?

Hay 3 tipos principales de DM: diabetes mellitus tipo 1 (DM1), diabetes mellitus tipo 2 (DM2) y diabetes mellitus gestacional (DMg).  Después del diagnóstico de cualquier tipo de DM, menos del 3% (estimado) de los mexicanos que siguen algún plan de tratamiento para su condición suelen presentar niveles de GS normales o relativamente normales (60 – 120 mg/dL).  La hiperglucemia diabética es la causa #1 de muerte en México.

Con frecuencia y durante meses y años de recetas médicas, cambios de régimen de medicamentos, consultas, posibles hospitalizaciones periódicas y "tratamientos," sean autorecetados, indicados por los profesionales de la salud o conseguidos de los charlatanes del mercado o de un vecino, los niños, adolescentes, adultos y ancianos mexicanos que tienen DM siguen presentando niveles de GS casi indistintos de los observados entre sus compatriotas que tienen DM y que no aplican ni reciben cuidado acertado para esta condición incurable.

La más confiable manera de medir el éxito del tratamiento utilizado u omitido para reducir o normalizar la hiperglucemia diabética emplea la prueba de hemoglobina glucosilada.  El resultado de esta prueba proporciona un promedio glucémico aproximado durante los 2 – 3 meses previos a la toma de la muestra de sangre utilizada para calcular el resultado.  Realizar esta prueba indispensable cada 1 - 3 meses es lo aconsejable, aunque algunas personas que tienen DM por miedo rehuyen de ver la "luz" o de entender el significado de su actual grado de control glucémico.

Un valor de A1c que indica normoglucemia es de 5% ó menos.  Los valores aproximados de las personas que no tienen DM típicamente se encuentran entre 3.6% y 4.9%, dependiendo de su edad.

Los valores glucémicos cotidianos de la mayoría de los mexicanos que tienen diagnóstico de DM y que reciben o aplican algún tratamiento recetado por el médico o sugerido por el Educador en Diabetes, siguen siendo anormales, a pesar de sus propios esfuerzos y los de los profesionales de la salud.

Los que no reciben ni aplican ningún tratamiento oficial o comprobado también siguen presentando niveles de hiperglucemia.  Puede que el grado de anormalidad de la GS capilar varíe (140 ó 180 ó 250 mg/dL, por ejemplo), pero es la anormalidad glucémica categórica que produce las complicaciones diabéticas a mediano y largo plazos.  En realidad, un valor promedio de 150 mg/dL no indica menos anormalidad o menos patogénesis que un valor promedio de 200 mg/dL.

Cualquier valor glucémico promedio que se encuentra dentro del rango hiperglucémico es anormal.  Puede que el grado de hiperglucemia sea diferente de mes en mes y de persona en persona, pero en fin todos los valores o promedios hiperglucémicos son anormales y patogénicos.  Parece dudoso que haya gran desigualdad de daño fisiológico entre la hiperglucemia representada por una A1c crónica de 7.5% y la representada por una A1c de 9.3%, por ejemplo.  Los dos valores son enfáticamente anormales por hiperglucémicos.  Toda anormalidad glucémica trae consecuencias negativas para el cuerpo.

Las organizaciones nacionales e internacionales de DM (American Diabetes Asociation, International Society for Pediatric and Adolescent Diabetes y European Association for the Study of Diabetes, Federación Mexicana de Diabetes, entre muchas otras), tutoras y custodias de la salud futura de las personas que ahora tienen DM, llevan ya más de 40 años recomendando rutinas, prácticas, dietas y algunos medicamentos que en teoría podrían normalizar los niveles de GS y así facilitar la prevención de las complicaciones diabéticas.  Pero, en la práctica, sus fórmulas y recomendaciones, por bien memorizadas y repartidas e insistentemente aplicadas en todo el mundo, raras veces producen siquiera un acercamiento perceptible a la normalización estable de la hiperglucemia diabética.

Así, promueven la constancia del tratamiento de la DM, pero minimizan el valor del logro de éxito en la normalización glucémica aproximada como meta fundamental de cualquier tratamiento.  La gran mayoría ni promueven la normoglucemia.

A pesar de años de seguir el "tratamiento" convencional o intensificado, con los patrones establecidos por las autoridades, pocas personas que tienen DM logran reducir la magnitud de la hiperglucemia diabética.  En 1993, el estudio DCCT reportó un valor promedio de GS de 153 mg/dL (una A1c de aproximadamente 6.4%) entre los sujetos que recibieron el tratamiento "intensivo."  Hoy, 23 años más tarde, los estudios científicos reportan casi sin excepción valores glucémicos promedios de 220 mg/dL (una A1c de aproximadamente 8.2%) ó más.

Esta cronicidad de la hiperglucemia diabética, a pesar de la existencia de la tecnología y el conocimiento necesarios para poder limitarla o prevenirla, se vuelve responsable de las complicaciones diabéticas.   En su turno, estas complicaciones son finalmente responsables de la muerte, mayomente por enfermedad coronaria, de las personas que tienen DM en México y en el mundo entero.  Vale decir que en todas las últimas instancias, es la persona afectada por la DM que tiene la responsabilidad de controlar su propia hiperglucemia, suponiendo que receibe o busca recibir una educación diabetológica adecuada.

Hasta la fecha, el mantener normalidad real o aproximada de los niveles de GS es lo único conocido que asegura que la persona que tiene DM salga ilesa de las complicaciones diabéticas.  Sin embargo, un gran número de personas que tienen DM ni siquiera pueden precisar cuál es el rango de valores glucémicos normales.  Ignorarlo permite una tranquilidad falsa, tanto para el paciente como para el profesional de la salud.  Sabiendo el valor glucémico típico de las personas que no tienen DM, la persona que tiene DM obtiene una norma para juzgar la calidad de su tratamiento y para comparar sus resultados con las normas de las personas que no tendrán complicaciones diabéticas, es decir, de las personas que no tienen DM.

La normoglucemia no produce las complicaciones diabéticas, tenga o no la DM.  La DM no produce las complicaciones diabéticas.  Es la hiperglucemia diabética crónica que produce las complicaciones diabéticas.  Si la persona que vive con DM no teme ver la "luz" de la verdad de la anormalidad dañina de los niveles cotidianos de GS, como se los indica el monitor casero de GS y el valor de la A1c, se verá obligada a llegar a la conclusión de que los tratamientos recomendados, prácticamente universales, de consumir un alto nivel de CHO en la alimentación y seguir "vigilando" la hiperglucemia consecuente inevitable, representan la única opción de vida para la persona que tiene DM, aun cuando esta opción no funciona para que él o ella alcance metas de niveles glucémicos normales o cercanos a los normales.

Lo común o "normal" para la persona que tiene DM es seguir durante meses y años ambicionando, logrando y aceptando el éxito del fracaso glucémico y favoreciendo el desarrollo de las mismas complicaciones a que el tratamiento dizque va "dirigido."

¿Por qué seguir un "tratamiento" o una parte del tratamiento señalado por el profesional de la salud o por el vecino que tiene 20 años viviendo con la DM, si el tratamiento no rinde los resultados deseados?  Obviamente, si el tratamiento permite que la persona que lo utiliza alcance resultados glucémicos de acuerdo con sus metas glucémicas personales explícitas, vale la pena continuarlo.

Pero la DM es la única condición crónica en que las personas afectadas pueden ser constantes en sus consultas, pueden perseverar en la aplicación de las dosis de los medicamentos recomendados y pueden persistir en su "autotratamiento" y "control" y su optimismo de que algún día lo que no ha funcionado desde el diagnóstico milagrosamente, para la sorpresa del profesional de la salud y de la persona que tiene DM, empiece a dar resultados positivos.

Por ejemplo, un valor de A1c que cada tres meses durante años varía entre 7% y 11%, no sólo sugiere que el tratamiento no es funcional sino que además no se han hecho modificaciones oportunas alimenticias y terapéuticas (de medicamento o dosis de medicamento).  Este tipo de "fracaso" glucémico ininterrumpido típicamente continúa porque la persona que tiene DM, paralizada o abatida por el éxito de lograr recurrentemente sólo el "fracaso" glucémico, no ha pedido ni exigido aprender el camino al "éxito" glucémico auténtico.  Ha aceptado como natural e inevitable el mito o la creencia general de que la persona que vive con DM "naturalmente" siempre tendrá hiperglucemia y no evitará las complicaciones diabéticas.

Cómoda en la reproducibilidad previsible del fracaso glucémico mundialmente convalidado y sancionado por las normas y expectativas de las autoridades (médicos, educadores en diabetes, asociaciones prestigiosas, prensa, familia, amigos y experiencia personal), la persona que tiene DM acepta la inevitabilidad de la catástrofe del diagnóstico de la DM y de sus secuelas.  Tener DM llega a significar padecer de la hiperglucemia diabética crónica.  La hiperglucemia diabética llega a ser lo "normal" aceptado para toda persona que tiene DM.

Para consolarse, tanto el profesional de la salud como la persona que tiene DM traen a la memoria el que la anormalidad glucémica es lo anticipado, lo común, lo típico y hasta lo oficialmente recomendado para los que tienen DM.  Por lo tanto, padeciendo diariamente la misma anormalidad glucémica diabética de la mayoría de las otras personas que tienen DM, el paciente vuelve a sentirse felizmente "normal" y asegura a todos que la tiene "bajo control."  Como dijo Arthur Schopenhauer, "Nos olvidamos de 75% de quiénes somos para llegar a ser como los otros."

La salud futura bien tiene que ver con la salud actual.  El cuerpo cambia a través de los años, deteriorándose.  Cuando está inundado de niveles tóxicos de glucosa elevada, el deterioro se aumenta y sucede más rápido.  El estilo de automanejo de la glucemia debe adecuarse a la par de los cambios.  En algún momento pueden presentarse complicaciones menores (neuropatía dolorosa o disfunción eréctil, por ejemplo) o mayores (heridas que se infectan y no se curan) que dicten cambios inmediatos, incluso en la revisión y selección urgentes de metas glucémicas normales o más cercanas a los valores glucémicos normales.  Estas complicaciones diabéticas no por coincidencia complican aun más el manejo de la GS.  La hiperglucemia genera anormalidad que, en su turno, genera aun más y mayor anormalidad.

Por razones de supervivencia, el cuerpo normal, que no padece DM, se ha evolucionado para garantizar la normalidad glucémica, porque así asegura la normalidad del desarrollo y de la duración de la vida física.  La anormalidad glucémica genera la anormalidad física y funcional, y acorta la expectativa de vida de células y del cuerpo del ser humano afectado.

La hiperglucemia diabética no se resuelve por sí sola, y menos por una postura de indolencia, aceptación o pasividad frente a su anormalidad crónica.  Si la persona que tiene DM decide cambiar o transformar su actitud hacia el automanejo de la hiperglucemia diabética y hacia la salud actual y futura, puede ser útil preguntarse, "Respecto a mi tratamiento de la hiperglucemia diabética ¿cuándo fue la última vez que hice algo que funcionó para normalizar los niveles de GS, por la primera vez?"

Si el mismo tratamiento de la hiperglucemia diabética de siempre no resulta en valores glucémicos más cercanos a los normales o más de acuerdo con las metas glucémicas de la persona afectada, lo lógico es realizar otro tratamiento que sí pueda servir.  Una definición de la locura es: repetir la misma acción (es decir, el mismo tratamiento) con la eterna expectativa de que el resultado (es decir, los niveles de GS) de la acción sea diferente.

Básicamente, existen tres opciones para manejar y automanejar o "controlar" la hiperglucemia diabética.  A escoger:

 1)  Vivir crónicamente con niveles hiperglucémicos peligrosos patogénicos, con infrecuentes excursiones duraderas al rango normoglucémico
 2) Vivir crónicamente la fluctuación patogénica constante entre hiperglucemia e hipoglucemia, con escasos y pasajeros períodos de normoglucemia
 3)  Vivir una estabilidad glucémica dentro de un rango que con seguridad previene las complicaciones diabéticas, o sea con niveles de GS normales o casi normales (aproximadamente 60 – 110 mg/dL)

Estas tres opciones para el tratamiento de la hiperglucemia diabética son distintas.  La decisión de preferir cualquier opción a las otras tiene consecuencias, negativas y/o positivas, que también son distintas.  La hiperglucemia crónica tarde o temprano produce las complicaciones diabéticas (malestar físico seguido, facilidad de infección bacterial, cansancio crónico, impedimento cognitivo, retinopatía, nefropatía, entre muchas otras).

La oscilación glucémica desmedida limita la velocidad normal de crecimiento de los niños y adolescentes y provoca cambios de carácter y dificultades para aprender.  Una marcada fluctuación glucémica produce fatiga física, estrés psicológico y envejecimiento prematuro.  La normalidad y casi normalidad de GS permiten el funcionamiento normal del cuerpo y cerebro.  Además, para los niños y adolescentes que tienen DM, la normoglucemia, aun ampliamente definida, es imprescindible para que el crecimiento (físico, intelectual, emocional, educacional y psicológico) proceda a paso de lo normal.

En el caso de los adultos, siempre es la persona que tiene DM que decide cuál opción y cuáles resultados o consecuencias le convienen.  Porque las consecuencias del manejo y automanejo de la hiperglucemia afectarán exclusivamente a la persona que tiene DM, no es el médico, la enfermera o el educador en diabetes que efectivamente decida y realice el tratamiento preferido.

La DM es una condición de automanejo.  La única persona capaz de realizar un tratamiento eficaz es la persona afectada por la condición.  En el caso de los niños y adolescentes que tienen DM, los padres tienen la responsabilidad moral y económica de entregar a su hija o hijo a la mayoría de edad, sin complicaciones diabéticas, para que en calidad de adulto ella o él tome sus propias decisiones respecto a su salud adulta futura.

La DM es una condición que afecta el metabolismo, sobre todo el de los CHO.  El metabolismo de los CHO indica disfunción anormal permanente.

No obstante, la absurda recomendación oficial para la persona que tiene DM sigue siendo: "Usted debe comer lo mismo que come una persona 'normal.'"

Los alimentos que se convierten más rápidamente en glucosa en el sistema digestivo humano son los CHO, que se clasifican en azúcares y almidones.  Los CHO, que incluyen panes, frutas, tortillas, arroz, granos y harinas de cualquier tipo, pasta, leche, dulces y azúcares, son los alimentos que fácilmente impulsan niveles anormalmente elevados de GS.

Por hábito y por sus efectos sobre los centros de placer en el cerebro, los CHO son alimentos adictivos.  Una pequeña porción de pastel, de mango, de espagueti, casi nunca basta para producir satisfacción y saciedad, mientras que casi nadie come un pollo rostizado entero para la comida, porque la proteína y la grasa que el pollo contiene no son adictivas por no estimular los mismos centros de placer en el cerebro.  Estos centros de placer son los mismos estimulados por la cafeína, nicotina, heroina, cocaina, amfetamina, etc.

Por lógica, un alto consumo de CHO establece y mantiene la hiperglucemia en la persona que tiene DM.  La hiperglucemia es la base de las complicaciones diabéticas.  Los niveles anormalmente elevados de GS son responsables de la producción a corto, mediano y largo plazos, de aun más anormalidad fisiológica y más enfermedad que la DM misma.

Todo esto implica que un régimen de tratamiento alimenticio que consiste en un alto consumo de CHO (aun cuando sean CHO complejos o crudos, de absorción lenta o de bajo índice glucémico) generará perfiles glucémicos y lipídicos elevados, variables e imprevisibles, a comparación con un régimen bajo en CHO, que requiere de dosis menos grandes de insulinas y/o de medicamentos orales.  El páncreas, ya debilitado, no tiene que producir enormes cantidades de insulina, cuando la persona afectada por la DM no consuma mucho CHO.

Si la persona que tiene DM trata de comer cantidades de CHO concentrado iguales o parecidas a las que la persona que no tiene DM consume en su dieta "normal" o "típica," tendrá niveles glucémicos anormalmente elevados durante la mayor parte o la totalidad de cada día.

Lógicamente, el estado de anormalidad fisiológica que es la DM nunca se podrá tratar apropiada o exitosamente con una dieta "normal" o "típica."  La combinación de DM y una dieta "normal" dará como resultado la hiperglucemia diabética, que generará inevitablemente aun más anormalidad fisiológica.

Frecuentemente, o la anormalidad glucémica o la fisiológica (es decir, las complicaciones) resultante motiva la consulta con el profesional de la salud.  Esperando hasta que haya malestar o complicaciones diabéticas, la persona que tiene DM no correctamente tratada tendrá necesidad de consulta médica, aumentando aun más el costo de sobrellevar mal la DM.  Esta manera de sobrellevar la DM implica más atención médica al tratamiento de los males asociados que a la prevención de los mismos.

No obstante y por ilógica, el consejo oficial estándar para las personas que tienen DM sigue siendo que consuman una dieta de alto contenido de CHO, es decir, que coman lo "normal."  Según las autoridades presuntamente encargadas de la enfermedad y del bienestar y la salud de la gente que tiene DM, es necesario que estos CHO proporcionen el 55 – 60% de las calorías diarias de las personas que tienen DM.  Esta recomendación no toma en cuenta el hecho de que son precisamente los CHO a que la persona que tiene DM tiene una fuerte alergia permanente e incurable y nociva.

Siguiendo estos consejos y aun tratando de que los CHO consumidos sean de bajo indice glucémico (que quiere decir simplemente que elevan la GS al mismo nivel anormal, pero con menor rapidez que el azúcar o pan blanco), la persona que tiene DM y que come así no podrá conseguir de manera consistente un nivel de GS normal o cercano a lo normal.  No obstante, alrededor del mundo, más de 375 millones de personas (se estima que habrá más de 399 millones para el año 2025) que tienen DM día tras día intentan lograr la normalidad glucémica por esta ruta imposible.  Inevitablemente fracasan.  Parece que para los profesionales de la salud y para los que tienen DM, seguir el tratamiento recomendado es más loable que obtener un resultado glucémico positivo mediante el mismo.

Claro, la mayoría de los profesionales de la salud, los pacientes que tienen DM y las asociaciones que se dedican a guiar a estos dos grupos, no se lo plantearán así a la persona que tiene DM.  Raras veces le indicarán que el aplicar sus recomendaciones de comer 55-60% de su dieta en forma de CHO, difícilmente permitirá resultados exitosos con respecto a niveles glucémicos seguros o normales.  Las autoridades prefieren comunicarles "buenas" noticias a todos, asegurándoles que la persona que tiene DM debe comer una dieta "normal" y comer "lo que quiera" mientras que lo siga intentando balancear, "compensar" o "cubrir" con insulina o medicamentos orales poderosos y raras veces baratas.

En otras palabras, aseguran que el aceptar el tratamiento recomendado y perseguir en ello es más importante que lograr un resultado seguro mediante el mismo.  Teóricamente, la razón que justifica el tratamiento de la DM es la compensación eficaz de la hiperglucemia diabética crónica.  En la práctica, sin embargo, seguir el tratamiento, aun cuando no da resultados positivos, se considera más fundamental que el logro de óptimos resultados glucémicos mediante ello. 

La mayoría de los profesionales de la salud y las asociaciones profesionales se sustentan mutuamente.  Se unen para asegurarle a la persona que tiene DM que ella es realmente "normal" y que puede y debe comer una dieta "normal" y así vivir una vida "normal."  Sin embargo, la realidad es que cuando la persona anormal por la presencia de la DM coma los alimentos "normales" o "típicos," el resultado será la hiperglucemia diabética, que es anormal y que produce anormalidad fisiológica adicional.

A corto plazo, seguir este camino garantiza cierto gusto para el paladar, que en la mayoría de los casos se paga a largo plazo con la enfermedad, un envejecimiento prematuro, una calidad de vida sutil u obviamente aminorada y una vida acortada por las complicaciones de años de hiperglucemia diabética.  La persona que tiene DM y que sigue los estándares de tratamiento oficialmente establecidos, importantemente los patrones alimenticios, tendrá una expectativa de vida 15 años más abreviada que la de la persona que no tiene DM, ó sea que tiene normoglucemia estable.  En México, uno de cada 3 niños nacidos en el año 2000 ó después, padecerá DM.  Los niveles excesivos crónicos de GS les afectarán de tal forma que los expertos ya creen que estos niños y adolescentes tendrán una expectativa de vida más breve que la de sus padres.

Irónicamente, ir con el profesional de la salud, sea endocrinólogo, médico, nutriólogo, educador en diabetes o naturista, para pagar consejos que perpetúen la hiperglucemia diabética (más de aproximadamente 126 mg/dL), día y noche, es un gasto finalmente superfluo.  Para la persona que tiene DM, poder alcanzar los niveles hiperglucémicos no requiere de ningún conocimiento diabetológico profesional.  Hasta un niño de 7 años de edad puede lograr la hiperglucemia sin la más mínima dificultad y sin adiestramiento alguno.  En cambio, el valor de aprender del profesional de la salud las estrategias para estabilizar la GS en el rango de valores seguros (60 – 120 mg/dL, por ejemplo) es impagable.

Desde hace más de siglo y medio, existe una opción alimenticia para facilitar el control de la hiperglucemia diabética.  Es eficaz, económica, segura, sin efectos secundarios negativos, y recién modernizada.

Puesto que la alimentación toma un papel básico en la vida, tanto de los que tienen DM como de los "normales" que no la tienen, es razonable examinar la posibilidad de utilizar la alimentación para minimizar la hiperglucemia diabética y maximizar la salud de la persona que tiene DM.

Esta opción de tratamiento consiste en un régimen alimenticio con bajo contenido de CHO, un consumo moderado de proteínas y un aporte adecuado de grasas.  Esta forma de alimentar el cuerpo humano aporta la energía y los nutrientes necesarios para la salud.  ¿Con qué frecuencia ofrecen los profesionales de la salud esta opción a las personas recién diagnosticadas de diabetes?

Reducir las fuentes y cantidades de CHO para la persona que tiene DM u obesidad es un enfoque alternativo que consiste en seguir un plan de alimentación que incluye un bajo contenido de CHO alimenticio de bajo Indice Glucémico, un consumo moderado de proteínas y un consumo variable de grasas saturadas e insaturadas.  Este plan de alimentación, por lógica, genera una reducción importante de los valores de GS y por ende de las dosis diarias de insulina u otro medicamento antidiabético.  En algunos casos, tales medicamentos siguen siendo necesarios ya que la DM es incurable y la producción de hiperglucemia diabética a base de la ingesta de los CHO es característica de la condición.

Una reducción notable del consumo de CHO no significa la ausencia total de CHO alimenticio.  Pero esta reducción de CHO en la alimentación de la persona que tiene DM permite ventajas y cambios importantes en los índices de salud.  Por ejemplo,
 

El hambre que es casi constante con el régimen alimenticio de muchos CHO, tiende a disminuirse; uno tiene menos hambre.
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Con más posibilidad de éxito en el alcance de metas glucémicas, se aumenta la motivación y se reduce la frustración.
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Con mejor bienestar, la calidad de vida al igual que la actitud psicológica podrán mejorarse.
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Los alimentos aportan nutrientes que sustituyen las "calorías vacías" de los CHO.
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Las proteínas y las grasas aportan los elementos necesarios para el funcionamiento normal del cuerpo.
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Al reducir los CHO, la persona que tiene DM aumenta la calidad de su nutrición y reduce la hiperglucemia diabética.
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Reducir el consumo de CHO es un plan de alimentación que no es radical ni una dieta de "moda."  No se debe confundir con los planes nutricionales extremosos (sólo jugo de toronja durante 10 días, por ejemplo) encontrados mensualmente en las revistas de belleza y salud.
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La presencia de proteínas en la alimentación produce una sensación de saciedad, a la cual las grasas también contribuyen.
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Los requisitos de insulinas y/o de medicamentos orales antidiabéticos descienden en aproximadamente un 40 - 50% ó más, así reduciendo el costo de tener DM, sea DM1 ó DM2.
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El valor de la A1c típicamente baja, aun si no siempre llega a ser completamente normal (5% ó menos).
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La variabilidad marcada de los niveles de GS (producida por el consumo de grandes cantidades de CHO) se reduce rápidamente y con seguridad, al incorporar pequeñas "dosis" de CHO contenido en las verduras verdes y de insulina o medicamento oral.
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Los episodios de hipoglucemia tienden a ser menos frecuentes y menos graves, porque la severidad de hiperglucemia disminuye y lógicamente las dosis de medicamentos hipoglucemiantes tienden a tener que reducirse proporcionalmente.
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Con el tiempo, las complicaciones tempranas de la hiperglucemia diabética crónica pueden estabilizarse o revertirse, debido a la normoglucemia posible con el consumo de menos CHO.
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Con el tiempo, la reducción de hiperglucemia tiende a producir una tensión arterial normal o fácilmente normalizada.
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Los lípidos en la sangre frecuentemente llegan a estar en el rango normal o aceptable, sin medicamentos, a pesar de un aumento de las grasas alimenticias.

Los CHO generalmente no aportan gran cantidad de vitaminas, minerales o proteínas, que son esenciales para el buen funcionamiento del cuerpo.  Las verduras verdes (y champiñones, berenjena, coliflor, col, pimiento morrón verde o rojo, entre otras), en cambio, sí proporcionan esos elementos importantes, con mínimas cantidades de CHO de bajo índice glucémico.  Pero en la práctica casi universal, se recomienda que la persona que tiene DM obtenga entre el 55% y el 60% de sus calorías diarias de los CHO esencialmente sin vitaminas y minerales.  Por lo tanto, reducir la ingesta diaria de CHO tiene sentido y para los que tienen DM, es una manera lógica de facilitar el tratamiento de la hiperglucemia provocada por la condición.

¿Por qué los profesionales de la salud frecuentemente aconsejan a las personas que tienen DM, que coman tantos CHO?  Si la persona que tiene DM utiliza el monitoreo o automonitoreo de la GS con el medidor casero de glucosa, tendrá en cuenta que los CHO son la causa raíz de su inestabilidad glucémica.  Sabrá que son alimentos que aumentan la necesidad de grandes dosis de insulina u otro medicamento antidiabético para poder reducir la hiperglucemia diabética.  Sabrá que estos medicamentos, además, pueden generar problemas adicionales para el control de la hiperglucemia e hipoglucemia (niveles demasiado bajos de GS).

Cuanto mayor sea la ingesta de CHO en la dieta, más impredecibles serán la rapidez con que la GS llega a ser hiperglucemia y el grado del aumento glucémico observado.  Esto se ve agudizado por la variabilidad en la absorción de la insulina y los agentes antidiabéticos orales.  El tamaño de las dosis de insulina afecta la absorción de la insulina.  Y, la absorción de la insulina determina, en parte, la velocidad y la profundidad de su efecto hipoglucemiante.  El pico y la duración de acción de la insulina están relacionados al tamaño de la dosis inyectada.  Todos estos factores de variabilidad aumentan cuando la cantidad de insulina inyectada sea grande.  Así es que el alto consumo de CHO genera perfiles glucémicos anormalmente elevados.  Estos perfiles glucémicos casi siempre son erráticos e inestables.

En cuanto al valor del automanejo y del tratamiento racional de la hiperglucemia diabética, la única manera de no saber es no querer saber.

En cuanto a los efectos de los CHO y de los medicamentos antidiabéticos, el paciente que tiene DM, por realizar el automanejo o automonitoreo casero, estará bien enterado de la dificultad o imposibilidad de mantener un balance glucémico estable y saludable.  El profesional de la salud también estará enterado.  La única manera de no saber el comportamiento de la DM en su cuerpo, frente al consumo de los CHO, es no querer saberlo.  Si el paciente y el profesional de la salud tienen la información diabetológica correcta y necesaria (como, por ejemplo, qué es un rango normal de GS y qué son las probables consecuencias de la hiperglucemia diabética crónica a mediano y largo plazos), podrán colaborar para establecer metas glucémicas lógicas y saludables y deducir en qué consiste el tratamiento racional de la hiperglucemia diabética.

Conclusión

La normoglucemia ofrece el mejor camino a la salud futura para la persona que tiene DM.  Existen herramientas para mantener los niveles de GS cercanos a los normales, de manera continua y estable.  Una de estas herramientas es el plan de alimentación que enfatiza una reducción de la cantidad de CHO consumidos.  Esta herramienta no sustituye necesariamente el uso de los varios medicamentos antidiabéticos, pero la reducción de CHO alimenticios conlleva una reducción importante de las dosis de los mismos y un aumento de la estabilidad de la glucemia dentro del rango de valores generalmente seguros y deseados.  Para la persona que tiene DM, es un seguro para la salud actual y futura. 
 
 


 
 

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Por qué me decidí por una dieta baja en carbohidratos

Reducción de la hiperglucemia diabética a través del uso de alimentos con reducido contenido de carbohidratos

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